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"¿A quién se le puede ocurrir atentar contra sus íconos turísticos?" Hace más o menos treinta y cinco años, con ocasión de visitar a mi
abuela paterna y mis tías, en la ciudad de Otavalo, uno de mis primos me
llevó a conocer el balneario de la Fuente La Salud. Me llamó la
atención el color amarillo del agua de la piscina, así como también su
abrigada temperatura.
Según el libro "Imbabura, agua y paisaje", de Víctor Alejandro
Jaramillo, el agua de la Fuente La Salud, es ferruginosa, bicarbonatada y
alcalina, y su temperatura varía entre los 21 y los 25 grados
Centígrados.
Por décadas, este balneario ha sido un referente turístico otavaleño, al
igual que las piscinas de Las Lagartijas y Yanayacu, de ahí que,
extraña, por decir lo menos, que se pretenda por parte del Gobierno
Municipal de Otavalo, expropiar los terrenos de dicho balneario, para
construir ahí un sistema de tratamiento de aguas servidas.
Ciertamente, no les veo a los municipios de Quito, Mira o Espejo,
expropiando los balnearios de El Tingo, Uyamá o La Calera,
respectivamente; para construir en esos lugares turísticos, sistemas de
tratamiento de aguas servidas.
Es más, estoy cien por ciento seguro de que jamás lo harán, pues, ¿a
quién se le puede ocurrir atentar contra sus íconos turísticos locales?
Más bien, en esos y otros lugares del país, lo que hacen sus autoridades
es, proteger esas zonas paradisiacas; y potenciar, apoyar y promover el
turismo hacia ellas. Está bien que en Otavalo se valore y se cuide al
antiguo árbol "El lechero", pero también se debe valorar y cuidar la
fuente termal La Salud.
"Los otavalicidas no están fuera de casa", ha dicho un distinguido
otavaleño. Al parecer, los otavalicidas están en Otavalo mismo.
¡Qué pena! Desde este espacio, nos oponemos firmemente a que la Fuente
La Salud, vaya a convertirse en estercolero. Los otavaleños no deberían
permitir que se cometa un crimen de lesa naturaleza.
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